La
palabra diuresis significa "formación de orina", y un fármaco
diurético es el que aumenta la cantidad de orina producida. Los
riñones tienen como función principal fabricar orina para
eliminar a través de ella las sustancias no requeridas por el
cuerpo procedentes de la comida o producidas por el propio
organismo. Son órganos secretores que actúan como un tamiz que
filtra la sangre de tal modo que normalmente sólo el agua con
pequeñas partículas disueltas puede atravesarlo. Dichas partículas
son: iones como sodio, potasio, calcio, cloruro, bicarbonato; moléculas
como azúcares, aminoácidos; productos de desecho, como el ácido
úrico y sustancias no deseadas derivadas de la dieta.
¿Para
qué se usan?
Dado
que en un principio el agua perdida en la orina procede de la
sangre, el volumen de ésta en el cuerpo se reducirá de manera
equivalente. Esto puede tener dos efectos beneficiosos: En primer
lugar, el volumen menor de sangre significa que la presión sanguínea
puede disminuir, por ello los fármacos diuréticos se usan
frecuentemente para reducir la presión elevada en las personas
hipertensas.
En
segundo lugar, el menor volumen y presión sanguíneos reducen la
cantidad de esfuerzo que ha de hacer el corazón para bombear
sangre. En consecuencia, los diuréticos son eficaces en pacientes
que tienen el corazón débil. Al reducirse la presión y el
volumen sanguíneos, los diuréticos ayudan a eliminar el exceso
de agua de los tejidos y restablecer la respiración normal.
Los
diuréticos también pueden utilizarse para reducir la cantidad de
agua que se acumula en los tejidos de algunas mujeres en la fase
premenstrual de su ciclo hormonal o cuando el organismo está
reteniendo líquidos por razones más específicas, como
insuficiencias renales.
¿Cuántos
tipos existen?
Tiazidas.
Son fármacos relativamente débiles. Con las primeras dosis, la
presión sanguínea puede bajar lo bastante deprisa para que el
paciente se sienta mareado, si bien en dosis posteriores no se
observa el mismo efecto.
Diuréticos
de asa. La frumesida y la bumetanida son capaces de aumentar el
volumen de la orina considerablemente, por lo que se pueden
utilizar para tratar personas con corazones débiles e incrementar
la eliminación de una sobredosis de droga, pero por su potencia
deben ser suministrados (como todos) bajo estricto control médico,
pues la presión sanguínea puede bajar hasta provocar desmayos.
Diuréticos
alternativos. Si al tomar los fármacos hasta ahora descritos una
persona pierde mucho potasio, se le puede administrar sustancias
conocidas como diuréticos "ahorradores de potasio": la
espironolactona, la amilorida y el triamtereno. Xantinas.
Sustancias diuréticas como la cafeína y la teofilina, presentes
también en el té, el café, el chocolate y las bebidas de cola,
provocan efectos diuréticos.
Diuréticos
osmóticos. Uno de ellos es el manitol, a veces usado para
mantener la producción de orina y la función del riñón cuando
éste ha resultado dañado por un tóxico o por sobredosis de
droga, pues ayuda formar orina aunque las células renales no
funcionen como es debido.
Moda
peligrosa
Hoy
día "está de moda" que aquellas personas afanadas en
adelgazar, se autoprescriban diuréticos para provocar micciones
frecuentes y así, estimular la eliminación de toxinas, con el único
fin de rebajar. Si éste es su caso, tenga precaución, ya que una
persona con sobrepeso sólo ha acumulado anormalmente grasa, pero
su equilibrio corporal puede que sea el adecuado. Por tanto, lo
que está haciendo es eliminar temporalmente peso a través de los
líquidos, deshidratando su cuerpo y eliminando de más sustancias
esenciales que su organismo necesita para funcionar adecuadamente.
Razón por la cual, al ingerir líquidos con base en la carencia
generada, inmediatamente se recuperará el peso
"mentirosamente" eliminado.
Tomar
diuréticos indiscriminadamente y sin el control médico debido,
puede descompensar su cuerpo y generarle innumerables problemas de
salud que pueden ser severos.